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Reflejos de su gloria

David y Maribel

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Reflejos de su gloria

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David y Maribel

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Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

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Pedro-168 Siempre preparados

Siempre preparados¿Alguna vez te han hecho una pregunta sobre Dios o la Biblia que no sabías contestar? Claro que ni tú ni yo nos consideramos teólogos en el sentido más estricto de la palabra, pero basados en la etimología de la palabra, si “teo” significa Dios y “logo” habla de conocimiento, debemos concluir que todos los que conocemos a Dios y estamos creciendo en el conocimiento de Dios podemos considerarnos teólogos crecientes, y deberíamos aprender para poder contestar esas preguntas, algunas sinceras, y otras, hasta malintencionadas.Pedro estaba viviendo una época difícil en Roma. El emperador romano odiaba a los cristianos y quería deshacerse de ellos. Muchos ciudadanos no los veían con buenos ojos, y vemos que grandes números de cristianos habían tenido que salir de Roma para proteger sus vidas.En este clima, leemos que Pedro los anima a predicar el evangelio con sus vidas y a estar preparados para defender su fe cuando alguno les preguntara. En primer lugar, Pedro les pide que vivan para Dios, andando dignamente, absteniéndose de todo aquello que contradice la santidad de Dios y “manteniendo buena su manera de vivir” (1 Pedro 2:11-12).Pedro, en el capítulo tres describe la actitud que a Dios le agrada, para que cada persona que confiese el nombre de Dios pueda vivir con una conciencia limpia, sabiendo que su andar y su hablar están en concordancia con las Escrituras.En 1 Pedro 3:15 Pedro les dice: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.”Incluso en el clima hostil en el que vivía Pedro y estos creyentes a los que las cartas iban dirigidas en primer lugar, podían echar mano de las Escrituras y rogar al Espíritu Santo que les mostrara aquello que Dios ya les había dado en Su Palabra, para poder defender su fe con una conciencia tranquila.Estos cristianos podían soportar persecución injusta sin renunciar a su fe en Dios, porque la Palabra que Dios ha dado es digna de toda confianza. Como leemos en 2 Pedro 1:19-21 “Tenemos (también) la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.El Señor mismo describe en Su Palabra que estos santos hombres de Dios fueron directamente guiados por el Espíritu Santo de Dios, de modo que lo que escribieron es Palabra de Dios.Nosotros podemos confiar en la veracidad de la Biblia, igual que los creyentes que recibieron esta carta de Pedro. Podemos ver cómo las profecías del Antiguo Testamento sobre la primera venida del Mesías se cumplieron perfectamente en Jesús. Esto debería darnos aún más confianza en el resto de las promesas de la Palabra de Dios. Cuando leemos de la segunda venida de Cristo y su victoria final sobre Satanás y el anticristo, podemos tener la certeza de que se cumplirá todo lo que Dios ha dicho en su Palabra. Por lo tanto, como dice el apóstol, debemos tener total confianza en la Biblia y prepararnos para usarla para dar una contestación a las personas que nos preguntan sobre la razón de la esperanza que hay en nosotros.Estos creyentes tenían el Antiguo Testamento y estaban recibiendo porciones del Nuevo. Si ellos en su día tenían todo lo necesario para presentar su fe en Cristo, mucho más nosotros que tenemos la Palabra de Dios completa a nuestro alcance y podemos echar mano de esta cada vez que...

6 min4 d ago
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Pedro-168 Siempre preparados

Pedro-167 No te olvides

No te olvides Somos propensos a olvidarnos de momentos claves en nuestras vidas, tomando a la ligera favores recibidos, grandes logros personales o momentos memorables. En definitiva, nuevas experiencias nos bombardean y nuestra mente acaba centrada solo en lo que está sucediéndonos en el momento. Por esta tendencia humana, el Señor nos escribe a través de Pedro para decirnos que el que no está creciendo en el conocimiento de Cristo, si es salvo, ha olvidado el regalo que Dios le ha dado. Dice 2 Pedro 1:9: “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.” (2 Pedro 1:9)¿De qué cosas está hablando? Fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal, amor. El que no vive creciendo en la fe dada por el Espíritu Santo, no puede ver más allá de sí mismo, ha olvidado aquello que ha recibido de lo alto y que debe haber transformado su vida. Es por esto que nos pide que “hagamos firme nuestra vocación.” Es decir, que confirmemos día a día el llamamiento de Dios. En los versículos 12 y 13 vemos que Pedro les quiere ayudar a recordar aquello que han adquirido. Dice así: “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación;”Pedro amaba a sus hermanos, y mostraba este amor recordándoles las verdades del evangelio. El apóstol había dedicado su vida a compartir lo que había vivido y aprendido a los pies de Jesús. Les había dado a conocer el poder de Cristo y Su prometida venida, anunciada desde antaño por la profecía más segura, inspirada por el mismo Espíritu Santo. Ahora Pedro sabía que le quedaban pocos días de vida, pero mientras tuviera aliento, amonestaría a los creyentes, despertando a los que se estaban durmiendo, trayendo a la memoria el gran regalo de Dios al mundo y todo lo necesario que Dios nos ha dado para triunfar en nuestra vida cristiana. En los versículos 3-4 afirma: “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina.” Participantes de la naturaleza divina; ¿cómo podemos olvidar esto y vivir como los que no han gustado la gracia de Dios? Pero es no solo posible, sino fácil olvidarnos, con todo el ruido que aborda nuestra mente y con todas las distracciones que la vida nos presenta. Es por esto que Pedro dice que debemos poner toda diligencia para mantenernos firmes y adelante. Pedro nos advierte sobre aquellos que desprecian a Dios para seguir lo que su propia carne les dicta, y andan en concupiscencia e inmundicia. 2 Pedro 2:10 les llama “atrevidos y contumaces,” tercos, rebeldes y sin miedo a hablar mal de las potestades superiores. Estos son, según el versículo 17: “ fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.” Y la Palabra dice que recibirán “el galardón de su injusticia, la perdición.” No quisiéramos ser nosotros los que recibamos tal “premio de maldad” (2 Pedro 2:13-15). Estos que van en contra de las verdades de la Biblia, nos dice el capítulo 3, versículo 5, ignoran la verdad voluntariamente, mas nosotros no tenemos que ser ignorantes. Contemplando tal peligro y la segura venida de nuestro Señor, Pedro escribe estas dos cartas, para que sabiendo la verdad de antemano podamos permanecer firmes. Nos dice en el 3:2 que escribe “para que tengamos memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles.” No olvidemos las palabras de...

7 min1 w ago
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Pedro-167 No te olvides

Pedro-166 No te conformes

No te conformesA veces hay que conformarse, pero es triste ver que a menudo somos capaces de conformarnos demasiado. Nos conformamos con lo que somos y con cómo estamos, porque es más fácil dejar las cosas como están que intentar mejorarlas. El cambio requiere esfuerzo, pero el cambio, si es para bien, vale la pena el esfuerzo.El Señor nos pide que permanezcamos en Él, el cual nunca cambia, pero es su voluntad que haya cambio en nosotros. Nos pide que vayamos transformándonos de gloria en gloria, hasta llegar a la misma imagen de nuestro Señor. Esto es tarea difícil, por no decir que es imposible sin la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. 1 Pedro 1:16 declara: “Sed santos, porque yo soy santo.” Esta es una meta a la que no creo que podamos decir que hemos llegado, ¿verdad? Para ponernos manos a la obra nos pide Pedro en el versículo 13 que “ciñamos los lomos de nuestro entendimiento.” Los romanos utilizaban túnicas que se mantenían sujetas por el cinto, y cuando uno iba a realizar algún trabajo, debían asegurar bien la túnica para que no les molestara. Pedro pide esto porque al igual que para cualquier trabajo, el trabajo en nuestro interior demanda que nos apretemos el cinturón.El apóstol continúa pidiendo que seamos sobrios, manteniéndonos centrados y serios en cuanto a nuestra tarea, y esperando por completo en la promesa de la gracia que Cristo traerá cuando sea manifestado, dice el texto.¿Por qué debemos hacer esto? ¿Con qué propósito? Pedro explica que el que nos ha llamado a una vida santa es él mismo santo. “Como aquel que nos llamó es santo, sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.” (1 Pedro 1:15)Es por este llamado que no podemos conformarnos a nuestros deseos naturales, acomodándonos a lo que somos, y sin mirar adelante.Vamos adelante hacia esta vida santa porque Cristo nos ha rescatado por su sangre, nos ha destinado para salvación, ha purificado nuestras almas, y quiere seguir haciéndolo por medio de Su Palabra viva y eterna. En el capítulo 2 nos dice a los que hemos gustado de la gracia de Dios: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” Este alimento es Su Palabra. Pedro describe situaciones en las que en lugar de conformarnos a lo natural, podemos permitir que Dios haga un cambio en nosotros para bien. En el trato con otros, Dios pide que mostremos respeto y honra incluso a aquellos que no son agradables, mostrándoles así el amor de Dios. Leemos en 1 Pedro 3:8-9: “sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.” De lo que hemos recibido, damos, confiando en que Dios nos protegerá de todo mal, “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1 Pedro 3:12)Cada persona que se dice llamar cristiana debe buscar la paz y seguirla y debe mostrar respeto a su prójimo, ya sea desde una posición de autoridad o no.A cada uno, en el capítulo 1 de la segunda carta dice el apóstol: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.”Esto no se cultiva conformándonos a lo que ya somos, sino buscando a Dios día a día. Comenzando por la fe, vamos recibiendo las virtudes...

7 min1 w ago
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Pedro-166 No te conformes

Pedro-165 Manteniendo el buen nombre

Manteniendo el Buen NombrePedro, en su carta a los cristianos les pide que por su conducta traigan honra a Dios. En el imperio romano el clima social era hostil hacia los creyentes. Había gente que intentaba encontrar en los cristianos razón para destruirlos, por lo que los acusaban falsamente. Pero Pedro, con el deseo de que el nombre de Dios se mantuviera puro les escribe diciendo:“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. (1 Pedro 2:11-13)Había mucho a lo que no podrían someterse en buena conciencia, pero en todo aquello que no manchara el nombre del Señor, Pedro les exhorta:“Por causa del Señor someteos a toda institución humana.” Esto incluía a aquellos que hacían las leyes, y de forma mucho más práctica, a los que venían a velar por su cumplimiento, es decir, como nuestras fuerzas policiales.Y Dios les pide que se sometan, no porque las instituciones siempre tuvieran razón o porque Dios aprobara lo que estaban haciendo, sino para que no pudieran encontrar nada de qué acusarlos. Esto no era una petición a los creyentes a que aprobaran todo lo que los gobernadores estaban defendiendo. Los cristianos debían mantener su conducta casta y defender las leyes morales de Dios. Sin embargo, su conducta no debía destacar por la defensa de ciertas posiciones políticas, ni siquiera por la defensa de sus derechos sociales, sino más bien por la defensa de la ley moral de Dios. Esto era duro para muchos.Mas Pedro les recuerda: “Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.En Gálatas Pablo afirmaba que en el fruto del Espíritu no hay condenación. Los cristianos perseguidos podían vivir libremente en el fruto del Espíritu, y Dios se encargaría de su estancia en esta vida y de mantener firme la herencia eterna que les esperaba al pasar a la próxima.Por lo cual Pedro podía decirles sin temor estas palabras que seguro sonaban peligrosas para algunos:“Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.”Estas verdades me las recuerdo a mí misma al mismo tiempo que las comparto contigo, porque sabemos que los que nos dirigen en este mundo, no siempre harán las cosas para nuestro bien, pero recordemos las palabras de José a sus hermanos en Génesis 50:20: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.” Podemos honrar a las autoridades, siempre y cuando estemos confiando en que Dios es Soberano sobre toda autoridad humana. Nuestro respeto a las autoridades no significa que estamos de acuerdo con lo que esta persona está haciendo. Al contrario, es nuestra obligación como creyentes ir a Dios, llevándole todas nuestras cargas, incluidas aquellas que nos pueda imponer un gobernante injusto. Pedro, cuando escribía esta carta, ya temía por su vida. Sabemos por la tradición secular que Pedro murió a manos del gobierno romano. Creo que podemos decir que Pedro no estaba conforme con las autoridades romanas. Pero este vivió temiendo a Dios, honrando a todos, amando a sus hermanos, y honrando al rey. Esto lo pudo hacer porque entendía que sobre cualquier autoridad humana reina el Señor, y por causa de Su nombre, podía vivir y morir manteniendo el buen nombre de Cristo.Examinemos nuestra actitud hacia los que nos rodean. Si tememos a Dios correctamente, Él nos dará lo que necesitamos para honrar como Dios quiere, amar como Él quiere, y en definitiva, vivir como Él quiere.

6 min1 w ago
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Pedro-165 Manteniendo el buen nombre

Pedro-164 Las cartas de Pedro

Las cartas de PedroSi hubieras tenido que salir del lugar donde vivías porque había inestabilidad política y social, y hubieras además huído de un clima de persecución por tus creencias, seguro que recibirías con gratitud una carta de ánimo. Las cartas de Pedro iban dirigidas en primera instancia a los cristianos que habían sido dispersados por las diferentes regiones de lo que ahora es Turquía. Roma estaba revuelta y moralmente corrupta. Había llegado a tal punto que los judíos se referían a esta con el nombre de Babilonia, haciendo memoria de la ciudad corrupta de antaño.Pedro les escribía con la ayuda de Silvano, como leemos en 1 Pedro 5:12. Este era posiblemente el mismo Silas que acompañó al apóstol Pablo en sus viajes misioneros y que habría ayudado a establecer algunas de estas congregaciones formadas por gentiles y judíos.El ministerio de Pedro había sido mayormente a los de etnia judía, pero vemos que Pedro se dirige aquí, a través de Silvano, un hermano que había dado su tiempo y dedicación junto con Pablo para presentar el evangelio a los gentiles, y anima tanto a judíos como a gentiles que habían reconocido a Jesucristo como Señor a vivir la fe cristiana a pesar de las dificultades que estos estaban viviendo, y a no seguir la conducta de “los gentiles”, refiriendose a aquellos que vivían su vida independientemente de la ley moral de Dios. Pedro les recuerda a los destinatarios desde el primer saludo de su carta, que habían sido “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo.” No eran prófugos que no tenían quien los defendiera. Dios estaba al tanto de su situación y estaban cubiertos en Cristo. En Roma, los cristianos ya estaban sufriendo abiertamente a manos de un gobierno corrupto que se había declarado abiertamente en contra del Dios verdadero.La persecución ya había comenzado a notarse en las regiones romanas de Asia Menor, y los cristianos ya estaban siendo perseguidos. Pedro les recuerda que aunque por un poco de tiempo serían afligidos, en Cristo les esperaba una herencia incorruptible que duraría eternamente. Esta esperanza viva había sido prometida al pueblo de Dios por los profetas, y Dios la había extendido a todo aquel que creyera en Cristo como Señor.En 2ª de Pedro les confirma que el Señor vendría, como había prometido. La esperanza de la que hablaba al comienzo de la primera carta se mantenía en la segunda carta, y se mantiene hasta hoy día. No podemos ignorar lo que leemos en el capítulo 3 versículo 8, “para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.” El Señor no ha venido, pero Él cumplirá su promesa.Descansando en esta herencia que nos espera, podemos, al igual que los cristianos del primer siglo, vivir según la voluntad de Dios, y no seguir las corrientes que van y vienen. Sí, en los momentos de frustración podemos preguntarnos, ¿por qué no viene ya? ¿a qué espera? Nos contesta el versículo 9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”La razón por la que Cristo aún no ha venido es porque todavía hay gente que no ha creído, pero que va a creer; va a arrepentirse de su error, y acercarse al Salvador. Puede que seas tú a quien espera, o puede que sea a un ser querido tuyo. Pero no va a esperar para siempre. Sabemos que un día descenderá, y aquellos que confían en Cristo irán a morar con Él en gloria.Pedro acaba su segunda epístola animando a sus lectores a examinarse y guardarse, no vaya a ser que sean “arrastrados por el error de los inicuos,” y les exhorta diciendo: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

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Pedro-164 Las cartas de Pedro

Santiago-163 ¿Hacedores o jueces?

¿Hacedores o jueces?La epístola de Santiago presenta dos tipos de personas, los hacedores y los jueces. En el capítulo cuatro, versículos 11 dice: ”Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.”En el capítulo 1, versículo 22 nos instaba a ser hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores. Luego, en el capítulo 3, versículo 11 nos reta diciendo : “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.”Aquel que es un hacedor, se hace notar, no por su palabrería, sino por su conducta justa, que refleja el carácter de Dios.Pero todos corremos el riesgo de convertirnos en jueces, más que hacedores. Pensamos que somos dignos de analizar la conducta de otros y decidir si ellos están cumpliendo las leyes de Dios. Con esto no me refiero a la evaluación continua de nuestro andar con Dios con ánimo de avanzar y ayudar a otros en el camino, sino a la actitud que dicta sentencias contra otros al mismo tiempo que se enorgullece de su propia conducta piadosa.Esta actitud nos lleva a murmurar contra otros cristianos, ya sea en voz alta o internamente. Santiago nos advierte que cuando hacemos esto, no estamos siendo hacedores, sino que nos hemos ascendido a nosotros mismos al puesto de juez. Y nos reprende el versículo 12 del capítulo 4 diciendo: “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?”Esta actitud de jueces nos lleva a pensar que nosotros somos más sabios, comparándonos con otros. Produce celos y contiendas que nos llevan a pecar.Nuestras pasiones, nuestros juicios, nuestra propia sabiduría personal nos lleva a crear conflictos interpersonales en lugar de buscar la paz y llevar a otros a que conozcan a Dios, el único que les puede salvar. En el capítulo 3 se nos advierte:“Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”Saniago 4:1 nos explica el origen de los conflictos:“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”En lugar de mantenernos limpios de la supuesta sabiduría de este mundo, caemos en el juego del maligno y dejamos que nos persuada. Sin embargo, la salida de esta actitud la tenemos en el mismo texto. Dicen los versículos 6-8:“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.”Con esta actitud de humildad, resistiendo la soberbia diabólica que quiere apoderarse de nosotros, podemos acercarnos a Dios para oír y hacer su voluntad.Cuando nos declaramos hacedores, dejamos de juzgar y ponemos todo nuestro esfuerzo en tener buena conducta y ayudar a otros a que sigan el camino de la fe. El libro de Santiago acaba con una preciosa verdad que nos anima a vivir así.“Hermanos, si alguno...

6 min2 w ago
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Santiago-163 ¿Hacedores o jueces?

Santiago-162 Como en un espejo

Como en un espejoSi en el versículo 19 del primer capítulo el apóstol nos pedía que fuéramos prontos para oír, en el 22 nos deja claro que primeramente debemos prestar oídos atentos y dispuestos a lo que Dios tiene que decirnos.Santiago nos reta a desechar inmundicia y recibir la palabra dada por Dios, esto es, la Biblia. Pero no nos reta solo a oírla, sino a ponerla en práctica. Dice: “sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”Una vez más, Santiago nos recuerda lo fácil que es engañarnos a nosotros mismos, creyendo que estamos bien, cuando en realidad, tenemos un problema. No solo no atendemos al mensaje, sino que nos hacemos maestros a nosotros mismos, proclamando nuestra propia teoría y enseñanza. Esto no es de sabios, y Dios advierte que solo trae condenación.Santiago compara al que oye la Palabra y no la hace, con alguien que se mira en un espejo, ve que está despeinado y sucio, y considerando la cruda realidad, se da la vuelta y se marcha sin arreglarse.Sin embargo, el versículo 25 nos muestra la mejor opción, esto es, mirarse, ver lo que hay que cambiar, y arreglar estas cosas que hemos percibido al atender a la Palabra.Dice: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”Bienaventurado, afortunado o dichoso; el que escucha atentamente a la voz de Dios, y no esconde sus problemas detrás de discursos vanos será dichoso, porque estará dejando que Dios obre en él y a través de él.Vimos en la reflexión anterior que desacreditamos a Dios cuando abrimos nuestra boca para maldecir a Dios o a otros. El capítulo 3 nos advierte del peligro de usar nuestra lengua inconstantemente, repartiendo bendición ahora y un minuto más tarde derramando inmundicia.Del mismo modo, nos dice el capítulo 2 que desacreditamos a Dios cuando hacemos acepción de personas, prefiriendo a unos cuando nos conviene y desechando a otros que nos incomodan. Santiago 2:8-9 dice: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.” ¿Como podemos decir que somos buenos oidores, si al oír de Dios que debemos amar al prójimo y compartir con ellos a Cristo, decidimos quien merece nuestra atención y quien no es digno de esta?No vale decir que somos buenos oidores cuando no estamos dispuestos a obedecer lo que Dios ha dicho en su Palabra. Si decimos que somos cristiano pero no vivimos según su voluntad, estamos dando mensajes contradictorios. “La fe sin obras es muerta” nos dice Santiago, porque “la fe se perfecciona por las obras”. Entendamos bien que las buenas obras no nos “cancelan” el pecado, pero debemos dudar de una fe que no se demuestra en la conducta personal. Nuestra vida debe reflejar la imagen de Dios.La Palabra de Dios es como un espejo que Dios nos ha dejado. Cuando nos ponemos delante de su Palabra Dios nos muestra nuestra condición real, tal como Él nos ve. Tenemos entonces dos opciones; o vamos a Él y dejamos que nos transforme a su imagen, día a día, poco a poco, o nos damos la vuelta, ignorando lo que nos está mostrando, y vamos por nuestro propio camino, endureciendo nuestros corazones y alejándonos de aquel que puede darnos la salvación del alma.El espejo en sí no nos cambia, pero sí nos muestra la perfecta imagen del Salvador y nuestras imperfecciones. Nos presenta también el proceso de la transformación. Es necesario que nos miremos cada día en el espejo que Dios ha provisto, para que el Espíritu de Dios nos vaya transformando. En la segunda carta a los Corintios el apóstol Pablo lo expresaba de esta forma:“Por tanto, nosotros todos,...

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Santiago-162 Como en un espejo

Santiago-161 Prontos para oír, tardos para hablar

Prontos para oír, tardos para hablarAlguien ha dicho que Dios nos ha dado dos oídos, pero solo una boca, para que escuchemos más de lo que hablamos.Santiago, como buen libro de sabiduría, nos dice en el primer capítulo “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” (1:19-20).En el contexto del primer capítulo, Santiago está hablando de nuestra reacción ante Dios cuando no entendemos sus propósitos. Nos es fácil quejarnos de las pruebas que experimentamos en esta vida. Pero hacemos bien en frenar nuestra lengua y aprender a escuchar a Dios. Este principio también opera en nuestras relaciones interpersonales, como nos muestra Santiago especialmente en el capítulo 3.Todos hemos experimentado esa sensación que queda después de haber dicho lo que no debíamos en un momento de descuido o frustración. Solemos ser muy rápidos a la hora de defendernos o excusarnos. Al mismo tiempo somos capaces de condenar a otros con nuestras palabras. Pero como hemos leído en el texto, nuestra ira nunca obra la justicia de Dios. Como regla general, somos sabios cuando tardamos en responder, cuando escuchamos atentamente y con paciencia, y luego consideramos nuestra reacción antes de abrir la boca.Por eso Santiago dice: “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.”Podemos caer en el error de profesar fe en Dios, y al abrir la boca, desacreditar al Dios justo y amoroso que profesamos.El capítulo 3 de Santiago nos muestra que podemos deshonrar a Dios cuando usamos nuestra lengua para maldecir o herir a otros.La manera más fácil de ofender es con nuestra lengua. Dice el texto: “ todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”Es demasiado fácil abrir la boca y dejar que salgan palabras que dañan. Como dice el texto, si existiera alguien que nunca ofendiera con su lengua, sería una persona perfecta. Sin embargo, encontramos que esta lengua con la que alabamos a alguien en un momento dado, es capaz de herir incluso a aquellos que más amamos. Santiago 3:9-10 declara: “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.”Santiago nos da ejemplos del poder de la lengua. La asemeja al freno que ponemos en la boca del caballo, y que nos permite controlar todo el cuerpo. Nos pone también el ejemplo del timón en un barco, un pequeño instrumento que controla toda la embarcación. Así, del mismo modo, este miembro tan pequeño de nuestro cuerpo puede condicionar cómo nos conducimos y cómo somos vistos por los que nos rodean.Santiago compara la influencia de la lengua con la de una pequeña llama. Hemos visto los grandes fuegos que puede ocasionar una colilla mal apagada. Y del mismo modo, una lengua que no está bajo el control del Espíritu Santo, puede causar incendios que destruyan amistades e incluso alejen a la gente de Dios.Notemos la incongruencia. Con ella bendecimos, y con ella maldecimos. Imagina que llegas a una fuente de agua dulce, pero hoy ha amanecido mal y solo da agua amarga. Si la fuente es impredecible, no podemos fiarnos de su pureza.La sabiduría de Dios se hace evidente en el cristiano que escucha la Palabra de Dios y la hace. La verdadera religión se evidencia en una vida controlada por el Espíritu Santo. Así que si vamos a proclamar el nombre de Dios, cuidemos nuestra lengua, para no desacreditar a nuestro Salvador. Aprendamos a escuchar más y pidamos a Dios que controle nuestra lengua para que lo que salga de nuestra boca refleje correctamente el carácter...

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Santiago-161 Prontos para oír, tardos para hablar

Santiago-160 Los regalos de Dios

Los regalos de Dios¿A quién no le gusta recibir regalos? La Biblia nos enseña que debemos ser agradecidos, ya que no hay nada de lo que tenemos que no nos haya sido dado. Dios nos ha dado multitud de regalos, y todos, todos pueden considerarse buenos. Esta es la afirmación que encontramos en Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”Lo que vemos aquí es que todo lo bueno que recibimos, viene de parte de Dios, y todo lo que desciende de Dios es bueno. Ahora bien, esto no parece cierto en muchas ocasiones. Es fácil percibir las cosas que Dios permite en nuestras vidas como malas, pero eso es engañoso. Es por esto que el versículo anterior a esta afirmación advierte: “Amados hermanos míos, no erréis.” Nos equivocamos cuando calificamos de malo algo que Dios permite en nuestras vidas.Es cierto que cuando estamos pasando por situaciones difíciles, nos cuesta creer que un Dios bueno podría permitir que aquellos que le aman sufran adversidad. Sin embargo, en ningún momento nos ha prometido Dios que si le seguimos estaremos libres de sufrimiento. Al contrario; Jesús dijo a sus seguidores: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33b)No nos engañemos ni caigamos en el error de pensar que alguien que nos ama nos libra de toda dificultad. Nunca funciona así. El entrenador que quiere que su discípulo mejore su marca le hará pasar por ejercicios graduados para que a través de la dificultad supere su forma personal y mejore los resultados. El profesor que quiere ayudar a su alumno a mejorar, le preparará ejercicios que al momento no parecen ni provechosos ni agradables, pero lo hace sabiendo que el resultado será motivo de alegría y satisfacción.Por eso Santiago dice en los primeros versículos del primer capítulo:“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”Está diciendo justo esto; cuando pasemos por las pruebas que ciertamente vendrán, considerémoslo un motivo de gozo, no por estar en la situación de prueba en sí, sino por lo que ésta producirá en nosotros. El apóstol sabe que para tener esta actitud necesitamos paciencia y confianza. Al soportar la prueba con buena actitud, desarrollamos aquello que en el momento parece que nos falta. Y así, prueba a prueba, llegaremos al resultado que Dios ha dispuesto, que vayamos siendo transformados más a Su imagen, sin que nada nos falte de su parte.Dios nos ha dado todo lo que necesitamos. El versículo 18 nos anima con esta verdad: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.”Llegamos a ser sus hijos por el nuevo nacimiento en Cristo. Y lo que Dios comienza, siempre lo lleva a buen fin. Los regalos de Dios son buenos, son completos, y además, los da sin reproche. ¿Te han dado alguna vez algo con condiciones, y que además luego han venido para echártelo en cara? Esto es lo que Satanás hace siempre. Él da para engatusar, y luego viene para culpar y demandar. Debemos huir de los que así dan.Dios da de Su amor a la humanidad. Nos ha dado vida, ha provisto salvación, y nos regala su gracia para cada día.Santiago 4:6 al 10 dice: “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os...

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Santiago-160 Los regalos de Dios

Santiago-159 La epístola de Santiago

La epístola de SantiagoAntes de que Jerusalén fuera destruida en el año 70 de nuestro Señor, los judíos ya empezaban a dispersarse por la diáspora. Santiago, al igual que el autor de Hebreos escribe a estos judíos dispersados, compartiendo la sabiduría que viene directamente de Dios. En esta carta que está dividida en 5 capítulos tenemos lenguaje que nos recuerda al libro de los Proverbios del sabio rey Salomón o las enseñanzas de Jesús en el sermón del Monte.Santiago comienza el libro con una llamada a los que leerían su carta “Si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5)Eso es un gran ofrecimiento. Todos nos hemos encontrado en situaciones en las que no estamos seguros cómo debemos actuar, pero vemos la promesa de que si tenemos una relación con Dios, podemos ir a él en busca de sabiduría.Sin embargo, Santiago nos advierte del peligro de ir a Dios dudando de si en verdad lo que tiene para nosotros es en realidad la mejor opción. Dice que el que viene a pedir,que “pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).Y es que Dios ya ha dicho que el que viene a Dios, debe creer en Él. Si vamos a Dios tan solo por curiosidad para ver lo que tiene que decir, con la intención de decidir nosotros mismos si lo que me dice me gusta o no, mejor no ir a Él. El versículo 8 nos dice que “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.”Si vamos de un lado a otros como la ola del mar, nuestro rumbo es incierto. En esta vida los vientos cambian a menudo, y si no estamos arraigados en Cristo, iremos de un lado para otro según el viento sople. Por eso necesitamos atender a la Palabra de Dios, porque en la Biblia es donde encontramos la sabiduría divina.“Por lo cual”, nos dice el versículo 21, “desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.”En el versículo 27 se nos deja bien claro que la verdadera religión es “guardarse sin mancha del mundo,” y mostrar nuestra fe a través de nuestro amor hacia otros.Santiago es muy directo en cuanto a esto, diciendo: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”Una vez más, si venimos a Dios pidiendo dirección y no estamos dispuestos a poner su enseñanza en práctica, estamos perdiendo el tiempo y condenándonos a nosotros mismos.El capítulo 3 es el centro del libro; nos presenta la diferencia entre la sabiduría de este mundo y la sabiduría de lo celestial. La terrenal busca nuestro propio bien, produciendo contiendas, celos jactancia y engaño. Sin embargo, la sabiduría de Dios es “pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” Una trae conflicto y la otra trae paz (3:13-18).Santiago nos ofrece verdades prácticas que deben ser evidentes en la vida del cristiano. Si hemos confiado en Cristo y vamos constantemente a Dios para recibir instrucción, debe haber una evidencia clara en nuestro andar diario. Así que, pongámonos a prueba personalmente, y pidamos a Dios que nos muestre a través de la lectura de Su Palabra dónde nos encontramos en nuestro andar con Él. Y a partir de ahí, vivamos la verdad, y compartámosla con otros, para que ellos también vayan a Cristo, aquel que puede salvar su alma. (5:20)

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Santiago-159 La epístola de Santiago

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Pedro-168 Siempre preparados

Siempre preparados¿Alguna vez te han hecho una pregunta sobre Dios o la Biblia que no sabías contestar? Claro que ni tú ni yo nos consideramos teólogos en el sentido más estricto de la palabra, pero basados en la etimología de la palabra, si “teo” significa Dios y “logo” habla de conocimiento, debemos concluir que todos los que conocemos a Dios y estamos creciendo en el conocimiento de Dios podemos considerarnos teólogos crecientes, y deberíamos aprender para poder contestar esas preguntas, algunas sinceras, y otras, hasta malintencionadas.Pedro estaba viviendo una época difícil en Roma. El emperador romano odiaba a los cristianos y quería deshacerse de ellos. Muchos ciudadanos no los veían con buenos ojos, y vemos que grandes números de cristianos habían tenido que salir de Roma para proteger sus vidas.En este clima, leemos que Pedro los anima a predicar el evangelio con sus vidas y a estar preparados para defender su fe cuando alguno les preguntara. En primer lugar, Pedro les pide que vivan para Dios, andando dignamente, absteniéndose de todo aquello que contradice la santidad de Dios y “manteniendo buena su manera de vivir” (1 Pedro 2:11-12).Pedro, en el capítulo tres describe la actitud que a Dios le agrada, para que cada persona que confiese el nombre de Dios pueda vivir con una conciencia limpia, sabiendo que su andar y su hablar están en concordancia con las Escrituras.En 1 Pedro 3:15 Pedro les dice: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.”Incluso en el clima hostil en el que vivía Pedro y estos creyentes a los que las cartas iban dirigidas en primer lugar, podían echar mano de las Escrituras y rogar al Espíritu Santo que les mostrara aquello que Dios ya les había dado en Su Palabra, para poder defender su fe con una conciencia tranquila.Estos cristianos podían soportar persecución injusta sin renunciar a su fe en Dios, porque la Palabra que Dios ha dado es digna de toda confianza. Como leemos en 2 Pedro 1:19-21 “Tenemos (también) la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.El Señor mismo describe en Su Palabra que estos santos hombres de Dios fueron directamente guiados por el Espíritu Santo de Dios, de modo que lo que escribieron es Palabra de Dios.Nosotros podemos confiar en la veracidad de la Biblia, igual que los creyentes que recibieron esta carta de Pedro. Podemos ver cómo las profecías del Antiguo Testamento sobre la primera venida del Mesías se cumplieron perfectamente en Jesús. Esto debería darnos aún más confianza en el resto de las promesas de la Palabra de Dios. Cuando leemos de la segunda venida de Cristo y su victoria final sobre Satanás y el anticristo, podemos tener la certeza de que se cumplirá todo lo que Dios ha dicho en su Palabra. Por lo tanto, como dice el apóstol, debemos tener total confianza en la Biblia y prepararnos para usarla para dar una contestación a las personas que nos preguntan sobre la razón de la esperanza que hay en nosotros.Estos creyentes tenían el Antiguo Testamento y estaban recibiendo porciones del Nuevo. Si ellos en su día tenían todo lo necesario para presentar su fe en Cristo, mucho más nosotros que tenemos la Palabra de Dios completa a nuestro alcance y podemos echar mano de esta cada vez que...

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Pedro-168 Siempre preparados

Pedro-167 No te olvides

No te olvides Somos propensos a olvidarnos de momentos claves en nuestras vidas, tomando a la ligera favores recibidos, grandes logros personales o momentos memorables. En definitiva, nuevas experiencias nos bombardean y nuestra mente acaba centrada solo en lo que está sucediéndonos en el momento. Por esta tendencia humana, el Señor nos escribe a través de Pedro para decirnos que el que no está creciendo en el conocimiento de Cristo, si es salvo, ha olvidado el regalo que Dios le ha dado. Dice 2 Pedro 1:9: “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.” (2 Pedro 1:9)¿De qué cosas está hablando? Fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal, amor. El que no vive creciendo en la fe dada por el Espíritu Santo, no puede ver más allá de sí mismo, ha olvidado aquello que ha recibido de lo alto y que debe haber transformado su vida. Es por esto que nos pide que “hagamos firme nuestra vocación.” Es decir, que confirmemos día a día el llamamiento de Dios. En los versículos 12 y 13 vemos que Pedro les quiere ayudar a recordar aquello que han adquirido. Dice así: “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación;”Pedro amaba a sus hermanos, y mostraba este amor recordándoles las verdades del evangelio. El apóstol había dedicado su vida a compartir lo que había vivido y aprendido a los pies de Jesús. Les había dado a conocer el poder de Cristo y Su prometida venida, anunciada desde antaño por la profecía más segura, inspirada por el mismo Espíritu Santo. Ahora Pedro sabía que le quedaban pocos días de vida, pero mientras tuviera aliento, amonestaría a los creyentes, despertando a los que se estaban durmiendo, trayendo a la memoria el gran regalo de Dios al mundo y todo lo necesario que Dios nos ha dado para triunfar en nuestra vida cristiana. En los versículos 3-4 afirma: “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina.” Participantes de la naturaleza divina; ¿cómo podemos olvidar esto y vivir como los que no han gustado la gracia de Dios? Pero es no solo posible, sino fácil olvidarnos, con todo el ruido que aborda nuestra mente y con todas las distracciones que la vida nos presenta. Es por esto que Pedro dice que debemos poner toda diligencia para mantenernos firmes y adelante. Pedro nos advierte sobre aquellos que desprecian a Dios para seguir lo que su propia carne les dicta, y andan en concupiscencia e inmundicia. 2 Pedro 2:10 les llama “atrevidos y contumaces,” tercos, rebeldes y sin miedo a hablar mal de las potestades superiores. Estos son, según el versículo 17: “ fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.” Y la Palabra dice que recibirán “el galardón de su injusticia, la perdición.” No quisiéramos ser nosotros los que recibamos tal “premio de maldad” (2 Pedro 2:13-15). Estos que van en contra de las verdades de la Biblia, nos dice el capítulo 3, versículo 5, ignoran la verdad voluntariamente, mas nosotros no tenemos que ser ignorantes. Contemplando tal peligro y la segura venida de nuestro Señor, Pedro escribe estas dos cartas, para que sabiendo la verdad de antemano podamos permanecer firmes. Nos dice en el 3:2 que escribe “para que tengamos memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles.” No olvidemos las palabras de...

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Pedro-167 No te olvides

Pedro-166 No te conformes

No te conformesA veces hay que conformarse, pero es triste ver que a menudo somos capaces de conformarnos demasiado. Nos conformamos con lo que somos y con cómo estamos, porque es más fácil dejar las cosas como están que intentar mejorarlas. El cambio requiere esfuerzo, pero el cambio, si es para bien, vale la pena el esfuerzo.El Señor nos pide que permanezcamos en Él, el cual nunca cambia, pero es su voluntad que haya cambio en nosotros. Nos pide que vayamos transformándonos de gloria en gloria, hasta llegar a la misma imagen de nuestro Señor. Esto es tarea difícil, por no decir que es imposible sin la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. 1 Pedro 1:16 declara: “Sed santos, porque yo soy santo.” Esta es una meta a la que no creo que podamos decir que hemos llegado, ¿verdad? Para ponernos manos a la obra nos pide Pedro en el versículo 13 que “ciñamos los lomos de nuestro entendimiento.” Los romanos utilizaban túnicas que se mantenían sujetas por el cinto, y cuando uno iba a realizar algún trabajo, debían asegurar bien la túnica para que no les molestara. Pedro pide esto porque al igual que para cualquier trabajo, el trabajo en nuestro interior demanda que nos apretemos el cinturón.El apóstol continúa pidiendo que seamos sobrios, manteniéndonos centrados y serios en cuanto a nuestra tarea, y esperando por completo en la promesa de la gracia que Cristo traerá cuando sea manifestado, dice el texto.¿Por qué debemos hacer esto? ¿Con qué propósito? Pedro explica que el que nos ha llamado a una vida santa es él mismo santo. “Como aquel que nos llamó es santo, sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.” (1 Pedro 1:15)Es por este llamado que no podemos conformarnos a nuestros deseos naturales, acomodándonos a lo que somos, y sin mirar adelante.Vamos adelante hacia esta vida santa porque Cristo nos ha rescatado por su sangre, nos ha destinado para salvación, ha purificado nuestras almas, y quiere seguir haciéndolo por medio de Su Palabra viva y eterna. En el capítulo 2 nos dice a los que hemos gustado de la gracia de Dios: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” Este alimento es Su Palabra. Pedro describe situaciones en las que en lugar de conformarnos a lo natural, podemos permitir que Dios haga un cambio en nosotros para bien. En el trato con otros, Dios pide que mostremos respeto y honra incluso a aquellos que no son agradables, mostrándoles así el amor de Dios. Leemos en 1 Pedro 3:8-9: “sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.” De lo que hemos recibido, damos, confiando en que Dios nos protegerá de todo mal, “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1 Pedro 3:12)Cada persona que se dice llamar cristiana debe buscar la paz y seguirla y debe mostrar respeto a su prójimo, ya sea desde una posición de autoridad o no.A cada uno, en el capítulo 1 de la segunda carta dice el apóstol: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.”Esto no se cultiva conformándonos a lo que ya somos, sino buscando a Dios día a día. Comenzando por la fe, vamos recibiendo las virtudes...

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Pedro-166 No te conformes

Pedro-165 Manteniendo el buen nombre

Manteniendo el Buen NombrePedro, en su carta a los cristianos les pide que por su conducta traigan honra a Dios. En el imperio romano el clima social era hostil hacia los creyentes. Había gente que intentaba encontrar en los cristianos razón para destruirlos, por lo que los acusaban falsamente. Pero Pedro, con el deseo de que el nombre de Dios se mantuviera puro les escribe diciendo:“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. (1 Pedro 2:11-13)Había mucho a lo que no podrían someterse en buena conciencia, pero en todo aquello que no manchara el nombre del Señor, Pedro les exhorta:“Por causa del Señor someteos a toda institución humana.” Esto incluía a aquellos que hacían las leyes, y de forma mucho más práctica, a los que venían a velar por su cumplimiento, es decir, como nuestras fuerzas policiales.Y Dios les pide que se sometan, no porque las instituciones siempre tuvieran razón o porque Dios aprobara lo que estaban haciendo, sino para que no pudieran encontrar nada de qué acusarlos. Esto no era una petición a los creyentes a que aprobaran todo lo que los gobernadores estaban defendiendo. Los cristianos debían mantener su conducta casta y defender las leyes morales de Dios. Sin embargo, su conducta no debía destacar por la defensa de ciertas posiciones políticas, ni siquiera por la defensa de sus derechos sociales, sino más bien por la defensa de la ley moral de Dios. Esto era duro para muchos.Mas Pedro les recuerda: “Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.En Gálatas Pablo afirmaba que en el fruto del Espíritu no hay condenación. Los cristianos perseguidos podían vivir libremente en el fruto del Espíritu, y Dios se encargaría de su estancia en esta vida y de mantener firme la herencia eterna que les esperaba al pasar a la próxima.Por lo cual Pedro podía decirles sin temor estas palabras que seguro sonaban peligrosas para algunos:“Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.”Estas verdades me las recuerdo a mí misma al mismo tiempo que las comparto contigo, porque sabemos que los que nos dirigen en este mundo, no siempre harán las cosas para nuestro bien, pero recordemos las palabras de José a sus hermanos en Génesis 50:20: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.” Podemos honrar a las autoridades, siempre y cuando estemos confiando en que Dios es Soberano sobre toda autoridad humana. Nuestro respeto a las autoridades no significa que estamos de acuerdo con lo que esta persona está haciendo. Al contrario, es nuestra obligación como creyentes ir a Dios, llevándole todas nuestras cargas, incluidas aquellas que nos pueda imponer un gobernante injusto. Pedro, cuando escribía esta carta, ya temía por su vida. Sabemos por la tradición secular que Pedro murió a manos del gobierno romano. Creo que podemos decir que Pedro no estaba conforme con las autoridades romanas. Pero este vivió temiendo a Dios, honrando a todos, amando a sus hermanos, y honrando al rey. Esto lo pudo hacer porque entendía que sobre cualquier autoridad humana reina el Señor, y por causa de Su nombre, podía vivir y morir manteniendo el buen nombre de Cristo.Examinemos nuestra actitud hacia los que nos rodean. Si tememos a Dios correctamente, Él nos dará lo que necesitamos para honrar como Dios quiere, amar como Él quiere, y en definitiva, vivir como Él quiere.

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Pedro-165 Manteniendo el buen nombre

Pedro-164 Las cartas de Pedro

Las cartas de PedroSi hubieras tenido que salir del lugar donde vivías porque había inestabilidad política y social, y hubieras además huído de un clima de persecución por tus creencias, seguro que recibirías con gratitud una carta de ánimo. Las cartas de Pedro iban dirigidas en primera instancia a los cristianos que habían sido dispersados por las diferentes regiones de lo que ahora es Turquía. Roma estaba revuelta y moralmente corrupta. Había llegado a tal punto que los judíos se referían a esta con el nombre de Babilonia, haciendo memoria de la ciudad corrupta de antaño.Pedro les escribía con la ayuda de Silvano, como leemos en 1 Pedro 5:12. Este era posiblemente el mismo Silas que acompañó al apóstol Pablo en sus viajes misioneros y que habría ayudado a establecer algunas de estas congregaciones formadas por gentiles y judíos.El ministerio de Pedro había sido mayormente a los de etnia judía, pero vemos que Pedro se dirige aquí, a través de Silvano, un hermano que había dado su tiempo y dedicación junto con Pablo para presentar el evangelio a los gentiles, y anima tanto a judíos como a gentiles que habían reconocido a Jesucristo como Señor a vivir la fe cristiana a pesar de las dificultades que estos estaban viviendo, y a no seguir la conducta de “los gentiles”, refiriendose a aquellos que vivían su vida independientemente de la ley moral de Dios. Pedro les recuerda a los destinatarios desde el primer saludo de su carta, que habían sido “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo.” No eran prófugos que no tenían quien los defendiera. Dios estaba al tanto de su situación y estaban cubiertos en Cristo. En Roma, los cristianos ya estaban sufriendo abiertamente a manos de un gobierno corrupto que se había declarado abiertamente en contra del Dios verdadero.La persecución ya había comenzado a notarse en las regiones romanas de Asia Menor, y los cristianos ya estaban siendo perseguidos. Pedro les recuerda que aunque por un poco de tiempo serían afligidos, en Cristo les esperaba una herencia incorruptible que duraría eternamente. Esta esperanza viva había sido prometida al pueblo de Dios por los profetas, y Dios la había extendido a todo aquel que creyera en Cristo como Señor.En 2ª de Pedro les confirma que el Señor vendría, como había prometido. La esperanza de la que hablaba al comienzo de la primera carta se mantenía en la segunda carta, y se mantiene hasta hoy día. No podemos ignorar lo que leemos en el capítulo 3 versículo 8, “para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.” El Señor no ha venido, pero Él cumplirá su promesa.Descansando en esta herencia que nos espera, podemos, al igual que los cristianos del primer siglo, vivir según la voluntad de Dios, y no seguir las corrientes que van y vienen. Sí, en los momentos de frustración podemos preguntarnos, ¿por qué no viene ya? ¿a qué espera? Nos contesta el versículo 9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”La razón por la que Cristo aún no ha venido es porque todavía hay gente que no ha creído, pero que va a creer; va a arrepentirse de su error, y acercarse al Salvador. Puede que seas tú a quien espera, o puede que sea a un ser querido tuyo. Pero no va a esperar para siempre. Sabemos que un día descenderá, y aquellos que confían en Cristo irán a morar con Él en gloria.Pedro acaba su segunda epístola animando a sus lectores a examinarse y guardarse, no vaya a ser que sean “arrastrados por el error de los inicuos,” y les exhorta diciendo: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

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Pedro-164 Las cartas de Pedro

Santiago-163 ¿Hacedores o jueces?

¿Hacedores o jueces?La epístola de Santiago presenta dos tipos de personas, los hacedores y los jueces. En el capítulo cuatro, versículos 11 dice: ”Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.”En el capítulo 1, versículo 22 nos instaba a ser hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores. Luego, en el capítulo 3, versículo 11 nos reta diciendo : “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.”Aquel que es un hacedor, se hace notar, no por su palabrería, sino por su conducta justa, que refleja el carácter de Dios.Pero todos corremos el riesgo de convertirnos en jueces, más que hacedores. Pensamos que somos dignos de analizar la conducta de otros y decidir si ellos están cumpliendo las leyes de Dios. Con esto no me refiero a la evaluación continua de nuestro andar con Dios con ánimo de avanzar y ayudar a otros en el camino, sino a la actitud que dicta sentencias contra otros al mismo tiempo que se enorgullece de su propia conducta piadosa.Esta actitud nos lleva a murmurar contra otros cristianos, ya sea en voz alta o internamente. Santiago nos advierte que cuando hacemos esto, no estamos siendo hacedores, sino que nos hemos ascendido a nosotros mismos al puesto de juez. Y nos reprende el versículo 12 del capítulo 4 diciendo: “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?”Esta actitud de jueces nos lleva a pensar que nosotros somos más sabios, comparándonos con otros. Produce celos y contiendas que nos llevan a pecar.Nuestras pasiones, nuestros juicios, nuestra propia sabiduría personal nos lleva a crear conflictos interpersonales en lugar de buscar la paz y llevar a otros a que conozcan a Dios, el único que les puede salvar. En el capítulo 3 se nos advierte:“Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”Saniago 4:1 nos explica el origen de los conflictos:“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”En lugar de mantenernos limpios de la supuesta sabiduría de este mundo, caemos en el juego del maligno y dejamos que nos persuada. Sin embargo, la salida de esta actitud la tenemos en el mismo texto. Dicen los versículos 6-8:“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.”Con esta actitud de humildad, resistiendo la soberbia diabólica que quiere apoderarse de nosotros, podemos acercarnos a Dios para oír y hacer su voluntad.Cuando nos declaramos hacedores, dejamos de juzgar y ponemos todo nuestro esfuerzo en tener buena conducta y ayudar a otros a que sigan el camino de la fe. El libro de Santiago acaba con una preciosa verdad que nos anima a vivir así.“Hermanos, si alguno...

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Santiago-163 ¿Hacedores o jueces?

Santiago-162 Como en un espejo

Como en un espejoSi en el versículo 19 del primer capítulo el apóstol nos pedía que fuéramos prontos para oír, en el 22 nos deja claro que primeramente debemos prestar oídos atentos y dispuestos a lo que Dios tiene que decirnos.Santiago nos reta a desechar inmundicia y recibir la palabra dada por Dios, esto es, la Biblia. Pero no nos reta solo a oírla, sino a ponerla en práctica. Dice: “sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”Una vez más, Santiago nos recuerda lo fácil que es engañarnos a nosotros mismos, creyendo que estamos bien, cuando en realidad, tenemos un problema. No solo no atendemos al mensaje, sino que nos hacemos maestros a nosotros mismos, proclamando nuestra propia teoría y enseñanza. Esto no es de sabios, y Dios advierte que solo trae condenación.Santiago compara al que oye la Palabra y no la hace, con alguien que se mira en un espejo, ve que está despeinado y sucio, y considerando la cruda realidad, se da la vuelta y se marcha sin arreglarse.Sin embargo, el versículo 25 nos muestra la mejor opción, esto es, mirarse, ver lo que hay que cambiar, y arreglar estas cosas que hemos percibido al atender a la Palabra.Dice: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”Bienaventurado, afortunado o dichoso; el que escucha atentamente a la voz de Dios, y no esconde sus problemas detrás de discursos vanos será dichoso, porque estará dejando que Dios obre en él y a través de él.Vimos en la reflexión anterior que desacreditamos a Dios cuando abrimos nuestra boca para maldecir a Dios o a otros. El capítulo 3 nos advierte del peligro de usar nuestra lengua inconstantemente, repartiendo bendición ahora y un minuto más tarde derramando inmundicia.Del mismo modo, nos dice el capítulo 2 que desacreditamos a Dios cuando hacemos acepción de personas, prefiriendo a unos cuando nos conviene y desechando a otros que nos incomodan. Santiago 2:8-9 dice: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.” ¿Como podemos decir que somos buenos oidores, si al oír de Dios que debemos amar al prójimo y compartir con ellos a Cristo, decidimos quien merece nuestra atención y quien no es digno de esta?No vale decir que somos buenos oidores cuando no estamos dispuestos a obedecer lo que Dios ha dicho en su Palabra. Si decimos que somos cristiano pero no vivimos según su voluntad, estamos dando mensajes contradictorios. “La fe sin obras es muerta” nos dice Santiago, porque “la fe se perfecciona por las obras”. Entendamos bien que las buenas obras no nos “cancelan” el pecado, pero debemos dudar de una fe que no se demuestra en la conducta personal. Nuestra vida debe reflejar la imagen de Dios.La Palabra de Dios es como un espejo que Dios nos ha dejado. Cuando nos ponemos delante de su Palabra Dios nos muestra nuestra condición real, tal como Él nos ve. Tenemos entonces dos opciones; o vamos a Él y dejamos que nos transforme a su imagen, día a día, poco a poco, o nos damos la vuelta, ignorando lo que nos está mostrando, y vamos por nuestro propio camino, endureciendo nuestros corazones y alejándonos de aquel que puede darnos la salvación del alma.El espejo en sí no nos cambia, pero sí nos muestra la perfecta imagen del Salvador y nuestras imperfecciones. Nos presenta también el proceso de la transformación. Es necesario que nos miremos cada día en el espejo que Dios ha provisto, para que el Espíritu de Dios nos vaya transformando. En la segunda carta a los Corintios el apóstol Pablo lo expresaba de esta forma:“Por tanto, nosotros todos,...

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Santiago-162 Como en un espejo

Santiago-161 Prontos para oír, tardos para hablar

Prontos para oír, tardos para hablarAlguien ha dicho que Dios nos ha dado dos oídos, pero solo una boca, para que escuchemos más de lo que hablamos.Santiago, como buen libro de sabiduría, nos dice en el primer capítulo “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” (1:19-20).En el contexto del primer capítulo, Santiago está hablando de nuestra reacción ante Dios cuando no entendemos sus propósitos. Nos es fácil quejarnos de las pruebas que experimentamos en esta vida. Pero hacemos bien en frenar nuestra lengua y aprender a escuchar a Dios. Este principio también opera en nuestras relaciones interpersonales, como nos muestra Santiago especialmente en el capítulo 3.Todos hemos experimentado esa sensación que queda después de haber dicho lo que no debíamos en un momento de descuido o frustración. Solemos ser muy rápidos a la hora de defendernos o excusarnos. Al mismo tiempo somos capaces de condenar a otros con nuestras palabras. Pero como hemos leído en el texto, nuestra ira nunca obra la justicia de Dios. Como regla general, somos sabios cuando tardamos en responder, cuando escuchamos atentamente y con paciencia, y luego consideramos nuestra reacción antes de abrir la boca.Por eso Santiago dice: “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.”Podemos caer en el error de profesar fe en Dios, y al abrir la boca, desacreditar al Dios justo y amoroso que profesamos.El capítulo 3 de Santiago nos muestra que podemos deshonrar a Dios cuando usamos nuestra lengua para maldecir o herir a otros.La manera más fácil de ofender es con nuestra lengua. Dice el texto: “ todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”Es demasiado fácil abrir la boca y dejar que salgan palabras que dañan. Como dice el texto, si existiera alguien que nunca ofendiera con su lengua, sería una persona perfecta. Sin embargo, encontramos que esta lengua con la que alabamos a alguien en un momento dado, es capaz de herir incluso a aquellos que más amamos. Santiago 3:9-10 declara: “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.”Santiago nos da ejemplos del poder de la lengua. La asemeja al freno que ponemos en la boca del caballo, y que nos permite controlar todo el cuerpo. Nos pone también el ejemplo del timón en un barco, un pequeño instrumento que controla toda la embarcación. Así, del mismo modo, este miembro tan pequeño de nuestro cuerpo puede condicionar cómo nos conducimos y cómo somos vistos por los que nos rodean.Santiago compara la influencia de la lengua con la de una pequeña llama. Hemos visto los grandes fuegos que puede ocasionar una colilla mal apagada. Y del mismo modo, una lengua que no está bajo el control del Espíritu Santo, puede causar incendios que destruyan amistades e incluso alejen a la gente de Dios.Notemos la incongruencia. Con ella bendecimos, y con ella maldecimos. Imagina que llegas a una fuente de agua dulce, pero hoy ha amanecido mal y solo da agua amarga. Si la fuente es impredecible, no podemos fiarnos de su pureza.La sabiduría de Dios se hace evidente en el cristiano que escucha la Palabra de Dios y la hace. La verdadera religión se evidencia en una vida controlada por el Espíritu Santo. Así que si vamos a proclamar el nombre de Dios, cuidemos nuestra lengua, para no desacreditar a nuestro Salvador. Aprendamos a escuchar más y pidamos a Dios que controle nuestra lengua para que lo que salga de nuestra boca refleje correctamente el carácter...

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Santiago-161 Prontos para oír, tardos para hablar

Santiago-160 Los regalos de Dios

Los regalos de Dios¿A quién no le gusta recibir regalos? La Biblia nos enseña que debemos ser agradecidos, ya que no hay nada de lo que tenemos que no nos haya sido dado. Dios nos ha dado multitud de regalos, y todos, todos pueden considerarse buenos. Esta es la afirmación que encontramos en Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”Lo que vemos aquí es que todo lo bueno que recibimos, viene de parte de Dios, y todo lo que desciende de Dios es bueno. Ahora bien, esto no parece cierto en muchas ocasiones. Es fácil percibir las cosas que Dios permite en nuestras vidas como malas, pero eso es engañoso. Es por esto que el versículo anterior a esta afirmación advierte: “Amados hermanos míos, no erréis.” Nos equivocamos cuando calificamos de malo algo que Dios permite en nuestras vidas.Es cierto que cuando estamos pasando por situaciones difíciles, nos cuesta creer que un Dios bueno podría permitir que aquellos que le aman sufran adversidad. Sin embargo, en ningún momento nos ha prometido Dios que si le seguimos estaremos libres de sufrimiento. Al contrario; Jesús dijo a sus seguidores: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33b)No nos engañemos ni caigamos en el error de pensar que alguien que nos ama nos libra de toda dificultad. Nunca funciona así. El entrenador que quiere que su discípulo mejore su marca le hará pasar por ejercicios graduados para que a través de la dificultad supere su forma personal y mejore los resultados. El profesor que quiere ayudar a su alumno a mejorar, le preparará ejercicios que al momento no parecen ni provechosos ni agradables, pero lo hace sabiendo que el resultado será motivo de alegría y satisfacción.Por eso Santiago dice en los primeros versículos del primer capítulo:“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”Está diciendo justo esto; cuando pasemos por las pruebas que ciertamente vendrán, considerémoslo un motivo de gozo, no por estar en la situación de prueba en sí, sino por lo que ésta producirá en nosotros. El apóstol sabe que para tener esta actitud necesitamos paciencia y confianza. Al soportar la prueba con buena actitud, desarrollamos aquello que en el momento parece que nos falta. Y así, prueba a prueba, llegaremos al resultado que Dios ha dispuesto, que vayamos siendo transformados más a Su imagen, sin que nada nos falte de su parte.Dios nos ha dado todo lo que necesitamos. El versículo 18 nos anima con esta verdad: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.”Llegamos a ser sus hijos por el nuevo nacimiento en Cristo. Y lo que Dios comienza, siempre lo lleva a buen fin. Los regalos de Dios son buenos, son completos, y además, los da sin reproche. ¿Te han dado alguna vez algo con condiciones, y que además luego han venido para echártelo en cara? Esto es lo que Satanás hace siempre. Él da para engatusar, y luego viene para culpar y demandar. Debemos huir de los que así dan.Dios da de Su amor a la humanidad. Nos ha dado vida, ha provisto salvación, y nos regala su gracia para cada día.Santiago 4:6 al 10 dice: “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os...

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Santiago-160 Los regalos de Dios

Santiago-159 La epístola de Santiago

La epístola de SantiagoAntes de que Jerusalén fuera destruida en el año 70 de nuestro Señor, los judíos ya empezaban a dispersarse por la diáspora. Santiago, al igual que el autor de Hebreos escribe a estos judíos dispersados, compartiendo la sabiduría que viene directamente de Dios. En esta carta que está dividida en 5 capítulos tenemos lenguaje que nos recuerda al libro de los Proverbios del sabio rey Salomón o las enseñanzas de Jesús en el sermón del Monte.Santiago comienza el libro con una llamada a los que leerían su carta “Si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5)Eso es un gran ofrecimiento. Todos nos hemos encontrado en situaciones en las que no estamos seguros cómo debemos actuar, pero vemos la promesa de que si tenemos una relación con Dios, podemos ir a él en busca de sabiduría.Sin embargo, Santiago nos advierte del peligro de ir a Dios dudando de si en verdad lo que tiene para nosotros es en realidad la mejor opción. Dice que el que viene a pedir,que “pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).Y es que Dios ya ha dicho que el que viene a Dios, debe creer en Él. Si vamos a Dios tan solo por curiosidad para ver lo que tiene que decir, con la intención de decidir nosotros mismos si lo que me dice me gusta o no, mejor no ir a Él. El versículo 8 nos dice que “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.”Si vamos de un lado a otros como la ola del mar, nuestro rumbo es incierto. En esta vida los vientos cambian a menudo, y si no estamos arraigados en Cristo, iremos de un lado para otro según el viento sople. Por eso necesitamos atender a la Palabra de Dios, porque en la Biblia es donde encontramos la sabiduría divina.“Por lo cual”, nos dice el versículo 21, “desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.”En el versículo 27 se nos deja bien claro que la verdadera religión es “guardarse sin mancha del mundo,” y mostrar nuestra fe a través de nuestro amor hacia otros.Santiago es muy directo en cuanto a esto, diciendo: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”Una vez más, si venimos a Dios pidiendo dirección y no estamos dispuestos a poner su enseñanza en práctica, estamos perdiendo el tiempo y condenándonos a nosotros mismos.El capítulo 3 es el centro del libro; nos presenta la diferencia entre la sabiduría de este mundo y la sabiduría de lo celestial. La terrenal busca nuestro propio bien, produciendo contiendas, celos jactancia y engaño. Sin embargo, la sabiduría de Dios es “pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” Una trae conflicto y la otra trae paz (3:13-18).Santiago nos ofrece verdades prácticas que deben ser evidentes en la vida del cristiano. Si hemos confiado en Cristo y vamos constantemente a Dios para recibir instrucción, debe haber una evidencia clara en nuestro andar diario. Así que, pongámonos a prueba personalmente, y pidamos a Dios que nos muestre a través de la lectura de Su Palabra dónde nos encontramos en nuestro andar con Él. Y a partir de ahí, vivamos la verdad, y compartámosla con otros, para que ellos también vayan a Cristo, aquel que puede salvar su alma. (5:20)

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Santiago-159 La epístola de Santiago
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